Telegramas que hicieron temblar el curso y estabilidad en la vida de cada
trabajador. La espera de su llegada o de un mail de “Bienvenida a la nueva
Télam” fue igual de macabro para algunxs.
La organización en pos de justicia surgió del ser innato de compañerxs a los
que la dignidad llamaba a juntarse con sus pares a remontar vuelo , a
acompañarse y levantar el ánimo colectivo; guiados por una organización
sindical que nos invitaba a acercarnos al fuego y no perdernos en el olvido y la censura.
Madres y padres dejaban todo en la cancha por defender sus derechos, su
profesión y su sostén de vida, dándole el mejor ejemplo a sus hijxs, los cuales nos acompañaron y no dejaron de jugar y sonreír. Las vacaciones de invierno en Télam se llenaron de obras de teatro, música y arte para ellxs y para todxs. Tardes de pochoclos, galletitas y el infaltable chocolate caliente.
Infinitos apoyos de organizaciones sociales, intelectuales y artistas entre
otrxs fueron surgiendo. Descubrimos muchos compañerxs talentosos en el
arte que nos daban orgullo y nos fortalecían con su música, sus dibujos, sus
diseños, etc.
Los cocinerxs y parrillerxs con las ganas siempre al tope de llenarnos el
tanque para seguir. Había que marchar, había que acampar, había que actuar para entrar al CCK en pos de hacer notar nuestro reclamo, había que
adaptarse a dormir en bolsas sobre el piso, había que poder dormir y no era
fácil.
Defendimos nuestro derecho a trabajar, de no ser sólo un número y nos
humanizamos junto a lxs otrxs, que es lo único que nos puede salvar en este
mundo a veces tan cruel: LA HUMANIDAD.
Andrea Macedra