La epopeya de 2018 tiene su clave en la Asamblea de Todes, la máxima reunión de las y los trabajadores de Télam.

El toque de “¡Asamblea!” convoca a decidir, ejercicio vedado mientras oprime la rutina y en cambio disfrutado cuando el conflicto enciende el deseo de participar.

Es reactor de ideas. Desovilla enredos para mutar utopías en proyectos conquistables. Aniquila el rumor y sirve de diccionario de dudas que derivan en determinación: seguir adelante con lo que sea consensuado en mayoría.

Es necesaria para develar los enigmas del enemigo que, siempre ciego, acecha tentando a la corrupción de ciertas almas. Es gualicho contra el oportunismo y, de yapa, permite pronosticar comportamientos carneres.

Más vale un error de mayorías a ser enmendado por la siguiente instancia de deliberación para ajustar el rumbo, que violentar con rapto individualista la voluntad colectiva.  

Decisivas o coyunturales; magras o masivas; combativas o reflexivas; confusas o luminosas; emotivas o explosivas; domésticas o visitadas: en la Asamblea de Télam se materializa esa noción de que el digno trabajador de la agencia nacional de noticias y publicidad es apenas -y nada menos- una representación de ese pueblo que sabe sostenernos y nos agranda.

Entonces nos atrevemos a afrontar las peores amenazas, a confrontar a cohortes mercenarias, cobardes traidores, cadáveres insepultos.

Decida campañas prolongadas o acciones relámpago, la Asamblea es nuestro Haka con el que el “común” celebra la lucha y desafía a la guerra. Preludia el Himno atragantado, sella compromiso, da confianza en el triunfo y promete, siempre, la certeza de encontrarnos.   

Celia Carbajal