La experiencia en Telam me dio muchas satisfacciones personales… amigos, recuerdos, noches para el olvido, batallas ganadas y pérdidas, hasta me dejó un amor y algún que otro dolor de cabeza. 

Pero la cicatriz más grande de esta experiencia, aquella que mejor cicatrizó, es la experiencia colectiva. 

La experiencia colectiva no es sólo la unidad alcanzada durante el conflicto, es mucho más. 

La experiencia colectiva abrazó cada una de las partes con todas sus diferencias, a veces respetándolas otras enfrentándolas pero volviéndolas una cuando fue necesario. 

Unidad de acción y unidad de concepción decía alguien que dejó uno de los más hermosos legados. 

Durante el conflicto esa unidad no se logró amalgamando y apretando las partes, tampoco se logró teniendo siempre una sonrisa en la cara. Se logró con discusión, con debate.  

La experiencia colectiva me deja la cicatriz hermosa de saber que la única forma de vencer a la oligarquía, organizada y decidida a avanzar sobre los pueblos que luchan por ser libres, es elevando los niveles de participación de las bases. 

La discusión, la asamblea, el debate, la fricción, la pasión y el amor hacia el otro es la combinación perfecta para que toda lucha popular dé resultado. 

Los trabajadores demostraron ser fuertes, el sindicato dio las condiciones necesarias para poder desarrollarnos, la comunidad acompañó, los espacios políticos se hicieron presentes, el periodismo cerró fila.

Nada de esto fue fácil, nada fue del todo agradable. Pero los resultados son más que satisfactorios. 

Es de suma importancia que el movimiento obrero vuelva a tener los  niveles  de participación  que supo tener hasta en las épocas más oscuras de nuestra historia. La resistencia durante los años del exilio de Perón no fueron arte de magia, fueron consecuencia de una organización de bases previa. Volvamos a ser la columna vertebral. Discutamos la política, discutamos los cómo y cuándo. También el bono o el aguinaldo en cuotas… pero sobre todo sepamos que podemos marcar agenda. 

La lucha de Telam nos deja esa enseñanza.

Maite Carrick