En la facultad me enseñaron que no se usa la primera persona al escribir un artículo. “El periodista nunca es la noticia”, repitió una y otra vez una de las mejores docentes que tuve en una lección que todavía resuena en mi recuerdo. ¿Pero qué pasa cuando el periodista sí es la noticia? ¿Cómo rememorar aquel 26 de junio de 2018 sin contar lo que me pasó?

Abusaré del yo, porque ese yo fue el que estuvo en el octavo piso del edificio de Belgrano cuando empezaron a llegar mensajes de WhatsApp sobre telegramas de despido. Ese yo fue el que, en medio de la conmoción, leyó el comunicado “La Agencia Télam tiene futuro” sobre “modernizar” y “profesionalizar” la empresa. Ese yo fue el que oyó sobre mails de bienvenida “a la nueva Télam”, el que escuchó a los delegados oficializar el inicio de un paro por tiempo indeterminado, el que vio cómo lloraban muchas caras conocidas y el que se enteró, más tarde, que uno de los responsables justificó tanto dolor con la frase “hoy ganó el periodismo”.

Pero la primera persona también existe en plural. Nosotros iniciamos la permanencia pacífica en los edificios, nosotros organizamos ciclos de poesía, cine y suelta de libros, nosotros hicimos bailar a miles de personas en un festival de música, nosotros debatimos en asambleas, nosotros recibimos el respaldo de referentes sociales, gremiales y de Derechos Humanos, nosotros armamos colectas solidarias. Nosotros nos levantamos el ánimo en los momentos más difíciles, nosotros resistimos contra la creación de una agencia trucha formada por personas que no saben lo que significa “nosotros” y nosotros logramos que la lucha se convierta en una referencia contra el desguace del Estado. Y cuando ya no quedaban energías y hubo que hacer un último esfuerzo, nosotros acampamos frente a la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo hasta lograr las reincorporaciones.

Eso significa el 26 de junio de 2018. Fue el día en que empezó en algunos y maduró en otros esa transmutación de la primera persona del singular a la del plural. Cuando el yo rompió el capullo y salió convertido en nosotros. La transformación del soy trabajador de Télam al #SomosTélam.

Camil Straschnoy