En mis 14 años en Telam, nunca había visto tanta vida transcurrir entre las paredes los edificios de Belgrano o Bolívar, que tanta agitación desbordara los espacios habituales y ganara por momentos no sólo la calle, sino el barrio y más. Ni siquiera en las horas pico o uno de esos días en que una noticia lo cambia todo.

Y en esa vorágine que fueron los 119 días de toma -entre sueltas de libros, marchas multitudinarias, festivales, conversatorios, ferias, picaditos de fútbol, proyecciones, conferencias de prensa y vuelta a marchar- hubo algo que me conmovió por sobre una infinidad de cosas que me conmovían cada jornada y que necesito destacar a dos años de aquel 26 de junio en que 357 telegramas nos cayeron como bombas de racimo.

Esos días de charlas interminables, de estar más atentos que nunca del ánimo de les compañeres, de exprimir la propia creatividad para pensar qué más podíamos hacer para visibilizar nuestro conflicto, de reinventarnos cada mañana armados con nuevas razones para seguir; hubo algo que estuvo desde el primer día y que terminó siendo el principal puntal en el que se apoyó mi confianza en un triunfo por momentos desdibujado.

Ese as bajo la manga, ese plus que tuvimos desde el vamos, ese recurso ganador al que recurría mentalmente una y otra vez los días difíciles lo representó para mí la memoria de luchas pasadas que pusieron sobre la mesa y nos compartieron con toda generosidad les compañeres que habían participado de tremendos conflictos anteriores, como los intentos de cierre de 1996 y el 2000.

Cuando en asambleas o pasillos, escuchaba a mis compañeres con más de 20 años de antigüedad contar cómo revirtieron un decreto de cierre de la agencia publicado en el Boletín Oficial o cómo llegaron a tener como interlocutores a las más altas autoridades nacionales tan preocupades como elles por encontrarle una salida conflicto, todo volvía a estar en su lugar.

El trasvase de esos aprendizajes a las generaciones más nuevas, la sinergia que se dio entre esa sabiduría y la energía sin límites de les más jóvenes, fueron para mí nuestra mejor arma.

Salud compañeres querides! Nos vemos en Télam…pero también en las calles todas las veces que sea necesario!

María Alicia Alvado