El 21 de julio de 2018 fue un día bisagra en la lucha que dimos en Télam por la reincorporación de nuestres compañeres despedides y la defensa de la agencia de noticias de bandera y los puestos de trabajo de todes.

Fue el día en que esa esquiva clase media porteña, tan proclive a condenar a “los holgazanes y vagos trabajadores estatales”, brindaron su apoyo a nuestra lucha.

En una asamblea general se había aprobado realizar ese sábado una suelta de libros frente a la sede de Belgrano, en el bonito pasaje 5 de julio, con una convocatoria a los puesteros de libros que suelen presentarse en diversas ferias de toda la ciudad para que vinieran a ofrecer sus volúmenes a la venta allí.

Nuestra participación se limitó a poner un puesto propio en el que se regalaba un libro a cada asistente que lo pidiera, libros que nos eran donados por ciudadanos y ciudadanas que acudieron a nuestro llamado por conocimiento de algunes trabajadores o por haber visto el tema en las redes sociales.

“No aflojen”, “¡Vamos, esta la ganan!” y una serie de frases similares escuchamos de parte de aquellas mujeres y aquellos hombres que habían venido en una mañana muy fría a entregarnos tres, cuatro o hasta cinco libros para apoyar nuestra lucha…

A esas muestras de solidaridad pero también compromiso ciudadano, se sumó otra actividad, que no se había anunciado dado que tenía carácter sorpresa.

Ese mediodía se presentaba, gratis, el maestro Daniel Barenboin junto con su orquesta en la plaza Estado del Vaticano, al lado del Teatro Colón, en una actividad organizada por el Gobierno de la Ciudad.

Un grupo de no más de 10 compañeres nos hicimos presente en el lugar, mezclados entre el público, y ante una señal determinada levantamos sorpresivamente nuestros carteles de reclamo por los despidos. Fue antes de que comenzara el concierto, de manera de no molestar a quienes estaban allí para disfrutar del talento del gran músico.

Y la reacción del público –ese público que asistía en una actividad del gobierno porteño a un concierto de música de cámara- fue tan cálida y emotiva como la de quienes se acercaron en una mañana de no más de 3 grados  a participar de la suelta de libros.

“¡Vamos muchachos!”, “¡Mucha suerte!”, “¡Hay que ganar esta pelea!” fueron algunas de las frases que escuchamos mientras manteníamos nuestros carteles bien arriba, para que fueran leídos por la mayor cantidad de gente. Algún que otro espectador se molestó, pero le respondimos, con cordialidad, que no estábamos allí para molestar a nadie y mucho menos cuando comenzara la música.

Hasta hubo algunos tibios aplausos para nuestra lucha. No tantos, claro, como los que recibió Barenboin cuando subió al escenario para desplegar su arte. Nosotres los escuchamos ya cuando nos retirábamos, muy felices de saber que habíamos llegado a un sector social muy importante para asegurar nuestro triunfo.

Jorge Pailhé

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