Soy de los fotógrafos más viejos, trabajo en el gremio desde el ‘79. 

Comenzamos a organizarnos cuando estaba por llegar la democracia, momento en el que teníamos la Asociación de Prensa de Buenos Aires y el Sindicato de Prensa. Pensábamos que con el nuevo gobierno volveríamos a tener las conquistas que la dictadura nos había sacado, pero no fue así, sino que empezamos a tener derrotas sindicales fuertísimas. Lo mejor que podíamos conseguir era la reincorporación de un porcentaje muy chico de los despedidos, mientras nos cerraban medios impunemente. 

Logramos unificar nuestro gremio en la Utpba, al principio con mucha participación y lucha, hasta que de a poco se transformó en lo que es ahora: cualquier cosa menos un gremio de trabajadores. 

Ese 26 de junio de hace dos años, mientras los teléfonos no paraban de sonar por los compañeros que nos contaban que habían recibido telegramas de despidos, me llega un mail dándome la bienvenida “a la nueva agencia”.

Raro sentimiento el que tuve. Fue como que me escupieran en la cara. Inmediatamente venían recuerdos de situaciones similares que me desmoralizaban, como el de nuestra anterior gran lucha en Télam por el despido de dos compañeros, que concluyó con una gran división por la manera en que se remató el conflicto. 

Ese mismo 26 llegué a la sede de Bolívar y el panorama en la calle era desolador, aunque de a poco nos fuimos organizando. Hubo asamblea callejera y las decisiones que se tomaron empezaron a unir a la gente: no había “despedidos” y “no despedidos”. 

En ese instante comenzó a gestarse un sentimiento de lucha que generó una solidaridad inmensa. Se hicieron movidas increíbles y, en el momento de su mayor fortaleza, le ganamos al gobierno macrista tanto en lo político como en lo sindical y lo judicial. Así, los más jóvenes nos enseñaron a los más viejos y desmoralizados que la lucha continúa. Y que nunca se abandona, ni siquiera cuando ganamos.

Alejandro Amdan