Fue emocionante. Fue dramático. Fue una epopeya. Hay de todo para intentar contar la lucha contra los trescientos y pico de telegramas soltados en un solo día y nada alcanza para explicarlo con exactitud. No hubiéramos podido sin lxs compañerxs no despedidxs que se la re jugaron, sin esa CGI que estuvo a la altura y sin la entrega de un sindicato joven con polenta hecho para todo esto, aportando una infraestructura impagable. Todos y todas fuimos obreros para hacer cualquier trabajo, fuimos ingenierxs para calcular todo y fuimos terapeutas para ayudar a levantarnos cada vez que alguien flaqueaba. 

Hoy, ya a dos años del comienzo de aquella gesta me atropellan los recuerdos. Estuvimos en todas partes: en el poder judicial, en el legislativo, en la calle, en los medios, en cada lugar que nos pudimos meter y también estuvimos en Télam. Hicimos de los dos edificios de la agencia, tanto el de Bolívar como el de Belgrano, hasta dos centros culturales durante la ocupación pacífica.

Una carrada de eventos que por poco no se encimaban unos con otros fue la tabla de pique para que nos apoye un montón de gente y lógicamente nos apoyamos mutuamente porque la época queda marcada por un denominador común: luchar contra una política que vino para destruir todo. 

El gran lugar para los eventos fue el edificio de Belgrano. Ahí recuerdo a los ex combatientes como el testimonio de Saúl Pérez contando que sus familiares se enteraron gracias a una foto de Télam que él estaba en Malvinas.

Ese mismo día vinieron por iniciativa propia personas con discapacidad. En ese evento guiado muy cálidamente por nuestra compañera Silvina Molina nos contaron que necesitando difundir una cuestión particular dieron varias notas a distintos medios que pasaron inadvertidas y fue gracias a la nota de Télam que, al ser levantada por todos los medios, mágicamente llegaron a todo el territorio nacional. Se acercaron para apoyarnos y con sus historias y sus  observaciones veo que principalmente vinieron para enseñarnos a vivir.

Si bien el edificio de Belgrano fue el principal para los eventos, el viejo edificio de Bolívar tuvo un set de eventos que guardo en mi corazón. 

A días de los despidos llegaron las vacaciones de invierno. Frías como la época y difíciles por lo que pasaba. Y un grupo de delegadxs y de compañeras organizaron una serie de espectáculos infantiles inolvidables en dónde personitas como mi hija Olivia con sus ocho años la pasó bárbaro. Ella sabía qué había pasado con el trabajo de su papá y entendía lo maravilloso que era que toda la familia esté ahí dónde teníamos que estar.

De más está decir que no era mi mejor momento para llevarla a los eventos clásicos de vacaciones de invierno por lo económico, por lo anímico  y por todo lo que teníamos que hacer para difundir la lucha. Y ahí encontramos el lugar que unió a las familias para que lxs chicos la pasen genial (nosotrxs también), y al mismo tiempo difundir el conflicto. 

Así es como vimos espectáculos de primera como el de Facu Daelli haciendo magia de la muy buena. El tipo de la nada hizo aparecer una bola de pool, una botella vino tinto, un largo taco de billar. Se sacó el zapato porque dijo que tenía una basurita, era una tapita de gaseosa. Pero después dice «no, esto me molestaba» y sacó una gaseosa del zapato. Nos hizo reír en cada segmento. Hizo que ocasionales transeúntes se pararan en la vereda anonadadxs para ver cómo aparecían y desaparecían cosas a centímetros de chicos que quedaron con la mandíbula por el suelo. Acá sí podemos afirmarlo: FUE MAGIA. 

Un rato más tarde el grupo andino Arco Iris tocó sus temas incluso compartiendo sus sikus con nuestros chicxs que ya «manyaban» el tema de cómo sacarle sonidos al instrumento por el taller de sikus de la semana anterior. Me acuerdo que algunos de los músicos ni bien terminaron nos acompañaron al edificio de Belgrano para no perderse el evento con las Madres «abrazo a Télam» que sucedió inmediatamente.

Otra genialidad fue Borde verde. Grupo integrado por dos chicas y un chico que la «descosieron». Los tres tocaron cualquier instrumento. Los tres bailaron y actuaron. Los tres cantaron formidablemente bien, canciones infantiles hermosas con buenas temáticas para los chicos y haciendo uso de formas ricamente disparatadas.

En el salón de adelante del edificio disfrutamos de una excelente obra de títeres por los Titirifeos. Y el único de esta saga de eventos que se hizo en el edificio de Belgrano fue el espectáculo del “ejército de payasos” también con un alto nivel en números de equilibrio, magia y clown. Hicieron desopilantes sketchs con gracia pero también para hacernos pensar. Un gran show que al ser el último dio lugar a la melancolía.

Con abrazo de por medio les dijimos a cada artista “gracias por sus presencias y gracias por el arte”. Pero hay algo más para contar: Las organizadoras no se conformaron con el logro de este alto nivel de convocatorias. También hay que destacar la frutilla del postre con la chocolatada con facturas o con churros y hasta con pochoclos dando un toque de cariño y contención indescriptible para que lxs pibxs vuelvan a casa con la panza bien llena en todo sentido. 

Éstas son la clase de espectáculos y de encuentros que te dejan bien, creo que soy mejor persona ni bien terminan. Después, de a poco se me va pasando y vuelvo a ser el mismo de siempre pero sin embargo, algo residual  queda y soy un poquito mejor que antes.  “Vamos a volver mejores” decíamos en las asambleas y sin duda que la hermandad que vivimos con semejante trama de sensaciones hizo lo suyo. Por eso, recordemos. Recuperemos cada olor de las comidas en la toma o en el acampe en la puerta de la Cámara (como el olor de la pomarola para los chori de Daniel Dabove). Palpitemos ese humito en las mañanas frías al levantarnos y no perdamos esa hermosa sensación de estar haciendo lo que hay que hacer por cada uno, por los demás, por Télam: un bien de toda la Argentina. 

Fernando Pailhe