Ese duro mediodía de 26 de junio de 2018, en el inicio del conflicto tras saber que habían salido 354 telegramas de despido y -por otro lado-  perversos mails dando la “bienvenida” a la nueva Télam a otros que no queríamos pertenecer sino estábamos todos. Y entre lágrimas que rodaban, angustias que se notaban y broncas  que se expresaban, comenzamos la asamblea, masiva reunión del colectivo de trabajadores sin discriminar procedencias de ámbitos laborales o de pertenencias políticas o sindicales, en realidad comenzaba una larga y épica lucha para defender no solo nuestras fuentes de trabajo, sino también la agencia nacional de noticias, el pluralismo, el periodismo, el federalismo.

En esos largos días, transitados muchas veces con incertidumbre, fuimos amalgamando convicciones y logramos la certeza de que esta vez también ganábamos. Yo pertenezco a la vieja guardia, un viejo “dinosaurio” que ya había vivido intentos de cierre, luchas prolongadas y también ciertos “castigos” aleccionadores, pero a decir de un compañero, no se dieron cuenta que somos una gran familia.

En esos momentos aciagos, tuvimos la enorme solidaridad de sectores tan disímiles, pero que sabían que los despidos eran lisa y llanamente un intento despiadado imposible de justificar, aunque las autoridades de ese  momento hayan querido mostrar ante cierta opinión pública como “un triunfo del periodismo”, como una victoria  contra los militantes, que ni sus amigos les creyeron.

También supimos distendernos, la variopinta actividad cultural de la que disfrutamos, con la consiguiente adhesión a nuestra lucha, fue otro aliciente para seguir, unas vacaciones de invierno inolvidables para las niñas y los niños, parte de esta familia Télam,  las celebraciones, que incluían gran derroche de esa alegría contenida por algunos triunfos parciales que nos mostraban que había una luz en el camino, matizadas con choripanes y bailes, en los que tuvimos el honor de tener a Nora Cortiñas, enorme luchadora de nuestras  Madres de Plaza de Mayo, participando de alguno de estos.

Finalmente y poco a poco sentimos que, a pesar de que nos querían quitar nuestro trabajo, a veces literalmente, como cuando se llevaron las cajas del archivo fotográfico, supimos que se acercaba el triunfo y esas lágrimas derramadas al principio, pasaron a ser un canto de felicidad, cuando en un  coro les decíamos a quienes habían osado meterse con nosotros: “Y vos te vas, te vas, te vas, te vas….”

Luis Chicharra Ramírez Ávila