Nos quedamos porque somos trabajadoras y trabajadores. Nos quedamos porque estamos comprometidos con nuestra función social. Hacemos periodismo, hacemos circular campañas de bien público. Cada engranaje de la maquinaria que es Télam lo sabe hacer, sin discreciones, y de qué forma: necesitábamos y queríamos seguir haciéndolo. ¿Cómo no quedarnos?

Estuvimos ahí, en cada sede de la agencia, porque no fue la primera vez que una caterva de funcionarios miserables quiso callarnos y descartarnos. Porque, como se animaban a señalar -aniquilando sorprendentemente todo residuo de sentido común-, tenemos ideologías, sí, muchas, pero nuestra bandera es la de los medios públicos. Y estamos orgullosos de aquello que los cínicos quisieron (y quieren) reprochar como debilidad.

Permanecimos porque ninguna carta documento fue suficiente para destruir esas creencias. Porque en la lucha nos descubrimos y nos redescubrimos, y a cada paso desplegó toda nuestra creatividad. Nos hizo más grandes, y reforzó un vínculo inefable e irrompible. Estuvimos ahí, en medio de un marea de  resistencia y energía que aprendimos a inyectarnos en el segundo correcto. Permanecimos para cuidar ese espacio de acción ante el abandono patronal. ¿Dónde estaban? Cobrando cientos de miles sin trabajar, ensuciando nuestros nombres, difamando la profesión, contaminándolo todo. Los esperamos mucho tiempo, con su cantinela del diálogo, y nunca volvieron.

Seguimos hasta el final, porque todos los días nos llegaba una mano nueva de los lugares más diversos e inesperados, con la calidez del abrazo que necesitábamos sin mendigarlo. Creamos espacios que nadie pudo ignorar, y que ninguna fuerza podrá enterrar. Seguimos porque detenernos nunca estuvo en nuestros planes.

Nos quedamos. Y acá estamos.

Victoria Ojam