Cuántos abrazos de ventaja le sacamos a este invierno, que se nos presentó desprovisto de afecto. Cuántos banquetes sólo aptos para el paladar colectivo organizamos antes de que los almuerzos del domingo se conviertan en una videollamada y un plato de fideos. Qué importancia tiene la olla, cuando no se la usa para papelonear.

Cómo hicimos nuestras esas calles cuando el enemigo no se paseaba por ellas. Cuánto las inundamos de fiestas, antes de que se inunden de “runners” que corren hacia el peligro de ahogarse en su propio reflejo en los lagos de Palermo.

Cuántos amaneceres arrinconando al frío habremos deseado estar en casa, mientras compartíamos tanto mate como para abrigar el alma por mil pandemias y más.

Cuántas verdades les hicimos cantar a los móviles de televisión, cuando levantábamos desde atrás nuestras pancartas

Y que vaticinio el de los asintomáticos de conciencia, paladines del teletrabajo, la distancia (a la clase) social, y el no contacto (visual).

Y qué felices estarán ahora los profetas del silencio al vernos con barbijos. Pero otra vez se equivocan muchachos, que la garganta a nosotrxs nos duele hace dos años de gritar.

Gritar lo esencial de una Agencia de Noticas y Publicidad Nacional y Federal.  Y al gritar se unieron otrxs, que clamaban la necesidad de un Ministerio de Salud, de condiciones dignas para los docentes, de oportunidades igual, de Nunca Más, de un Estado presente, fuerte y popular. Y gritamos juntxs. Y a fuerza de ese rugido de unidad la esperanza, disparada desde lo más profundo de la caja, volvió a pertenecerle a la vida. Y de tanto perseguir madrugadas aprendimos que nadie se salva solx, y nadie resiste solx tampoco. Y que la primavera siempre llega para darle un carpetazo a las canalladas del invierno, y que más pronto que nunca volveremos a ocupar ese espacio que construimos entre los brazos de lxs compañerxs y lxs nuestrxs, para repensarnos en esta nueva normalidad, con el recuerdo de lo que fuimos, que nos permitió torcer la historia, que cambia pero no tanto cuando uno la observa desde los ojos de la memoria.

Mariana (Suri) Torres