Una fuerza política depredadora, excluyente y amante del espionaje creyó resolver con una lluvia de despidos todos los males de una agencia de noticias que, a sus ojos, estaba plagada de ñoquis y operadores políticos. Así, el 26 de junio de 2018 encendió una mecha que daba por descontado que controlaría sin sobresaltos: “Tranquilos, patalearán un poco pero a la semana esto será historia”, fue el pensamiento de una de las cabezas del poder macrista. Hoy, a 2 años, los monigotes de entonces miran desde su opulencia cómo los trabajadores que quisieron detonar están dándole vida a Télam.

La idea destructiva con que Hernán Lombardi (titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos) sedujo a Mauricio Macri para avanzar sobre la agencia pública a capa y espada chocó contra una fuerza que estaba ahí, pero dormía: La fuerza de trabajadorxs profesionales y dignos que unificaron sus diversos matices, ideas políticas y preferencias personales para constituir un colectivo llamado @somostelam con el que enfrentaron a un poder que realmente tenía poder.

Esa “semana” que el macrismo supuso que alcanzaría para liquidar el pleito que abrieron se convirtió en meses de luchas desde los cuatro puntos cardinales: Paro, acampes, movilizaciones, festivales, actividades informativas callejeras, presencia en medios de comunicación, despliegue en redes sociales, explicación a las fuerzas políticas y sindicales, además de acciones judiciales con eje en el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba). 

Y lxs trabajadorxs ganaron en todos los terrenos, en todos. La mentira macrista terminó yéndose por la alcantarilla y al presente, quienes quisieron regresar a la agencia pudieron y hasta lxs integrantes de @somostelam se pararon alto y, sin olvidar (porque no se puede olvidar), conviven en la diaria de la pandemia con colaboracionistas que son socios vitalicios del club de traidores que tiene Télam.

El periodismo argentino no tiene registros de un conflicto de un año y medio de paro y características tan especiales como el de Télam. Y esto está dicho desde el orgullo de haber sido parte de la lucha y de estar inflado de satisfacción por poder mirar a los ojos a 4 hijas y a una maravillosa compañera de vida y ver en ellos un brillo que, traducido, se entiende como “qué bueno, hiciste lo que tenías que hacer”.

No es fácil el mundo Télam, nunca lo fue y seguramente tampoco lo será. Pero manteniendo fresca esa victoria de la dignidad sobre la pobreza de alma, las puertas están abiertas como para que, alguna vez, se pueda consolidar el rol de agencia pública y se expanda para constituirse en líder de la región. Es algo que está pendiente y desde ya que es posible.

Alejandro Delgado Morales