Te enterás de que no sos la única persona a la que echaron y te imaginás el peor de los escenarios, se colectivizan el golpe a la autoestima y la desorientación; esa fue una de las radiografías de los que habitamos Télam el 26 de junio de 2018. La organización fue instantánea; la comisión gremial interna apareció, nos abrazó y rearmó, y sobre la marcha se fue ideando un plan de lucha. El panorama no había empezado a aclararse en ninguna de nuestras cabezas, pero, por lo menos, podíamos imaginarnos recorriendo juntxs un camino.

¿Qué fue ese telegrama de despido sino un trozo papel que quiso hacernos creer que estábamos de más? En el caso de Télam fue una revancha más de un modelo de gobierno que, bajo una apariencia de tolerancia, detestaba lo diferente. Después de dos intentos de cierre, en 1996 y en 2000, ensayaban un tercero. Fue, una vez más, la reivindicación de que lxs trabajadorxs de la agencia estábamos haciendo las cosas bien, que estábamos molestando de nuevo. Bien por nosotrxs, porque ese es uno de los trabajos del periodismo: incomodar.

Ese día también tuvimos la fortuna de leer la explicación oficial del directorio de Télam, presidido por Rodolfo Pousá. Y subrayo lo de «fortuna» porque fue gracias a esa dedicatoria que el panorama se aclaró: No se trataba de nuestras capacidades como profesionales, como intentaron torpemente explicar en algún momento; se trataba de discriminación y persecución política. 

Hoy, dos años después, vuelvo buscar ese comunicado en la página de la agencia, sigue ahí y las sensaciones se estrellan entre ellas. Veo en esa memoria digital un pedazo de la historia, no sólo de la historia de la agencia de noticias más grande de Latinoamérica, sino un momento de historia de Argentina, en un contexto de despidos masivos, represiones, condonaciones y reformas previsionales. 

Luego, recuerdo que el entonces Titular del Sistema de Medios Públicos, Hernán Lombardi, también decidió tener una somera aparición en las redes sociales para apoyar el despido masivo e ilegal que el directorio de la agencia había ejecutado. Y su comunicado confirmó lo que yo pensaba, aunque no puedo negar que fue otro trompazo. Él, con todo el poder que le era conferido, como autoridad oficial, celebraba nuestros despidos en un descargo por facebook y nos trataba de ñoquis, dejando en claro que donde reina la posverdad no hay periodismo posible. ¿Su cinismo le habría permitido imaginarse este desenlace? No puedo dejar de pensar en lo paradójico de la situación.

Frente a esto, ¿qué fue un telegrama de despido? Para mí fue ratificar en carne propia que la historia no se equivoca, que las victorias siempre fueron, son y serán colectivas. Fue aprender de compañerxs que no habían sido despedidxs y que eran parte de las medidas, por la convicción de un periodismo democrático, plural y federal. Fue ver cómo hijxs de compañerxs empezaban a ser parte de un proyecto total que se basaba en el respeto y la defensa de los derechos de lxs trabajadorxs, pero también que izaba la bandera del derecho a la información. Fue ver sufrimiento y enfermedades. Fue la primera experiencia de resistencia para muchxs de nosotrxs y una lección de construcción colectiva en la adversidad.

Hoy Télam vuelve a ser actualidad y reflexión, pero también es lo que mantiene viva la historia. Télam somos sus trabajadorxs, que día a día informamos las realidades, pero también nos construimos como sujetxs y como ciudadanxs. Somos el motor de un gran mecanismo invisible que mantiene conectada e informada a toda la República Argentina. Eso es lo que le da la soberanía informativa a la nación y eso es lo que quisieron destruir. No los dejamos. Salvamos nuestros derechos como trabajadorxs, pero también como periodistas y ciudadanxs. Nosotrxs SomosTélam.

Flor  Fazio